La educación especial o educación diferencial es aquella destinada a alumnos con necesidades educativas especiales debido a que son superdotados intelectualmente o bien a discapacidades psíquicas, físicas o sensoriales. La educación especial en sentido amplio comprende todas aquellas actuaciones encaminadas a compensar dichas necesidades, ya sea en centros ordinarios o específicos.
Proveer a
los alumnos con necesidades educativas especiales de las prestaciones
necesarias para hacerles posible el acceso al curriculum, contribuyendo a que
logren el máximo de su desarrollo personal y social; desde que estas
necesidades son detectadas, y en tanto la persona realice alguna actividad
educativa o de capacitación, en cualquier momento de su vida.
Implementar
estrategias para la detección y atención temprana de niños con alteraciones del
desarrollo o dificultades del aprendizaje, con el fin de intervenir lo antes
posible, evitando su agravamiento.
Promover
y sostener estrategias de integración y participación de las personas con
necesidades educativas especiales en los ámbitos educativo, social y laboral.
Extender
estos recursos y apoyos a todos los sectores de la comunidad educativa, a fin
de mejorar la calidad de la oferta pedagógica, potenciando la inclusividad de
las instituciones, o sea su capacidad para educar adecuadamente a sus alumnos,
independientemente de sus condiciones personales o de otro tipo.
Propiciar
la participación activa de los padres, quienes estarán involucrados y Compartirán
el compromiso por las acciones previstas en el proyecto educativo de sus hijos.
¿Cual es la intervención pedagógica que le da las instituciones a esta población?
La
concertación intersectorial exige que la red de instituciones educativas se
amplíe, incluyéndose en una más abarcativa que comprenda a otras instituciones,
profesionales y actores de la comunidad. Este funcionamiento en red deberá ser contemplado
tanto en el Proyecto Educativo Institucional, como en instancias regionales y
locales de coordinación y acción. Para lograrlo será necesario:
•
Realizar convenios con otros organismos.
•
Con el sector Salud, sobre programas de prevención de las necesidades educativas
especiales, para el trabajo conjunto en los servicios de atención y estimulación
temprana, el control sanitario de la población atendida, y las prestaciones
para la rehabilitación.
•
Con el Sector Desarrollo Social, sobre programas de prevención de las necesidades
educativas especiales, para el trabajo conjunto en los servicios de atención y
estimulación temprana, servicios complementarios de alimentación y cobertura de
necesidades básicas, provisión de prótesis, órtesis y otras adaptaciones o
recursos no educativos, y para el financiamiento de programas específicos.
•
Con el Sector Trabajo para la capacitación y la inserción laboral, y el resguardo
del cumplimiento de las disposiciones legales en la materia.
•
Con el Sector Justicia, para el resguardo de los derechos de los alumnos con necesidades
educativas especiales, evitando abusos y discriminación, mediante el
cumplimiento de los instrumentos legales en vigencia.
•
Con el Sector Deportes, a efectos de posibilitar el uso del tiempo libre y la práctica
de deportes en forma integrada o categorías especiales.
•
Con las Comisiones Provinciales de la Discapacidad, a efectos de la coordinación
de programas regionales y locales.
• Incorporar
las ONG vinculadas a las distintas problemáticas a resolver.
• De personas
discapacitadas o con necesidades educativas especiales.
• De padres y
familiares de estas personas.
¿Cuales son los problemas de aprendizaje mas comunes en la población infantil?
Dentro
de las tareas del desarrollo del niño en edad escolar están las de adecuar su
conducta y su ritmo de aprendizaje a las exigencias del sistema escolar,
logrando así interactuar socialmente en forma adecuada con adultos de fuera del
sistema familiar y con su grupo de pares. El cumplimiento de estas tareas es
básico para el desarrollo de una buena autoestima y actúa como elemento
protector de la salud mental del niño.
En general, el desarrollo
infantil normal es bastante armónico, existiendo un paralelismo en las diversas
áreas del desarrollo, que permite que el niño se adapte fácilmente a las
exigencias de su medio ambiente y que su conducta sea en general, relativamente
predecible.
Pero, existe un grupo
relativamente importante de la población infantil en que este desarrollo
armónico no se da, lo que determina estilos cognitivos y conductuales
diferentes. Este grupo está constituido por los niños portadores de los
denominados Trastornos del Desarrollo.
Definimos Trastornos del
Desarrollo como aquellas desviaciones en el patrón de desarrollo infantil que
exceden el rango normal de variación porque ocurren ya sea en un tiempo, una
secuencia o un grado no esperado para la edad del niño o etapa del desarrollo.
Suponen, por definición, una inteligencia normal, ausencia de déficits
sensoriales significativos y ausencia de lesión cerebral.
La incidencia de estos
trastornos es muy variable y depende de las categorías diagnósticas en uso. Se
ha informado que afectarían a alrededor del 15 % de la población infantil en
edad escolar. Su intensidad también es muy variable, existiendo un continuo de
dificultad, que a veces sólo se manifiesta ante exigencias ambientales
demasiado altas para el niño.
Por otra parte, como existe una
clara mayor incidencia familiar y predominan 2-4 veces en sexo masculino (lo
que hacen suponer una fuerte base genética), es a veces difícil diferenciarlos
de estilos cognitivos y conductuales distintos, propios de algunas familias,
que sólo representan variación estadística en una población determinada,
De acuerdo al tipo de funciones
neurológicas que experimenten un desarrollo relativo más lento, serán las
manifestaciones clínicas que mostrará el niño. Así, por ejemplo, una
combinación de dificultades en atención selectiva, control de impulsos, control
emocional y control del grado de actividad motora, se manifestará como una
dificultad importante del niño para adecuar su conducta a las exigencias de su
medio ambiente. Esto sucede con los niños portadores de Síndrome de Déficit
Atencional - Hiperactividad.
Cuando la variación de
funciones que experimenta el niño, se da en una combinación de dificultades
viso-espaciales, organización de las secuencias temporales, memoria, control de
la motilidad voluntaria y funciones cerebrales superiores, la manifestación
será un Trastorno de Aprendizaje Escolar.
Pero, además puede desviarse el
patrón de maduración del sueño y control de esfínteres (Enuresis nocturna
primaria), el desarrollo del habla y lenguaje o el control motor (Dispraxia del
desarrollo).
Existe una variada gama de
posibilidades de combinación de estas definiciones neurológicas del desarrollo,
que acompañarán al niño por períodos largos de tiempo, y que se expresarán
clínicamente como variaciones en la conducta infantil y/o el ritmo de
aprendizaje escolar. Muchas de ellas llevan a que el niño afectado sienta
crónicamente, que no cumple las expectativas de su medio, con el consiguiente
impacto emocional negativo.
A continuación se enfocará la
vertiente conductual de los niños con trastornos del desarrollo expresada en el
así denominado "niño hiperquinético".
Actualmente, después de haber
pasado por una serie de denominaciones que se iniciaron con el de "Daño
Cerebral Mínimo" y continuaron con la de "Disfunción Cerebral
Mínima", se usa el diagnóstico de "Síndrome de Déficit Atencional -
Hiperactividad" (SDA-H), que de acuerdo con la DSM IV diferencia 2 subgrupos:
1.
Subgrupo
SDA-H con conducta disruptiva, en que predominan síntomas de trastorno
oposicionista-desafiante, trastornos de conducta, labilidad emocional y
resistencia al condicionamiento.
2.
Subgrupo
SDA-H con trastorno específico de aprendizaje, en el que predominan los
déficits perceptual y cognitivo, déficit atencional, y se expresa por bajo
rendimiento en destrezas académicas específicas.
Las manifestaciones cardinales
del SDA-H son:
- hiperactividad
- impulsividad
- inatención o labilidad
atencional
Estas manifestaciones están
asociadas a un grado variable de labilidad emocional y alta resistencia al
condicionamiento (es decir, la capacidad modificar la conducta en base a
refuerzos externos: premios o castigos). Dependiendo de su intensidad, se pueden
manifestar precozmente en la vida del niño, siendo notorios en muchos caso, ya
en el primer año de vida.
Hiperactividad
Consiste
en una actividad motora excesiva y desorganizada; el niño tiene dificultad para
quedarse quieto en los momentos en que debe hacerlo. El niño va a ser descrito
como permanentemente en movimiento, "como dirigido por un motor". A
distintas edades se expresa de manera distinta.
Hiperactividad en el 1er
año de vida:
·
Trastorno
del sueño
·
Cólicos
importantes
·
Irritabilidad
·
Dificultad
en la alimentación
·
Vómitos
voluntarios
·
Poca
adaptación a los cambios de rutina
Hiperactividad en el 2º año de vida:
·
"Nunca
camina, siempre corre"
·
Muy
inquieto, salta constantemente
·
Destructivo,
con ausencia de temor al peligro
·
No
persevera en ningún juego
·
Toma
un objeto tras otro
·
Se
intoxica con medicamentos y otras sustancias
Hiperactividad entre los 3-4 años de vida:
·
Siempre
está pidiendo algo y parece no escuchar
·
No
puede jugar solo y cambia de actividad constantemente
·
No
puede jugar con otros niños
·
No responde
a premios ni castigos
·
Es
rechazado por extraños al hogar
·
En
Jardín Infantil no acata normas ni sigue instrucciones
Hiperactividad entre los 6 y 9 años:
·
Problemas
de conducta escolar
·
Dificultades
de aprendizaje escolar
·
Estilo
conductual y cognitivo impulsivo
·
Alta
distractibilidad
·
Baja
tolerancia a las frustraciones
La
conducta hiperactiva tiende a atenuarse desde los 12 años hacia arriba. En el
adolescente se manifiesta fundamentalmente como una necesidad de someterse a
una mayor cantidad de estímulos ambientales y experiencias nuevas, con
dificultad para funcionar en tareas sedentarias y posponer la satisfacción
inmediata de necesidades.
Impulsividad
Se
manifiesta claramente en el estilo conductual del menor, en que a menudo actúa
sin pensar y le cuesta anticipar las consecuencias de su conducta. Entra en
conflictos con su grupo porque frecuentemente no respeta turnos en juegos o en
situaciones de grupo. En su trabajo escolar, tiene excesivos cambios de una
actividad a otra, con dificultad para organizar su trabajo y necesidad de mayor
supervisión de adultos.
Labilidad
atencional
Se
expresa como dificultad en cualquier labor que requiera de atención sostenida.
Esto significa dificultad para concentrarse y perseverar en tareas escolares y
también en situaciones de juego. Estos niños a menudo parecen no escuchar.
Todas
las manifestaciones previamente descritas tienden a atenuarse a medida que el
niño se acerca a la pubertad. Pero, como por otra parte, las exigencias del
ambiente aumentan, estas características se transforman en crónicamente
desadaptativas e interfieren en la conducta del niño por períodos largos de
tiempo.
Las
familias y el medio escolar de estos niños hiperactivo, impulsivo, con juicio
pobre, poco tolerante a las frustraciones, a veces destructivo, reaccionan con
rabia, rechazo, aislamiento o vergüenza. Esta reacción determina a su vez, en
el niño sentimientos de rabia, frustración, aislamiento y, finalmente, pobre
autoimagen y conductas agresivas, que a su vez aumentan el rechazo a que es
sometido el menor.
La
vertiente no disruptiva conductualmente del SDA-H es la asociada a Trastornos
específicos de Aprendizaje escolar. El concepto de Trastorno Específico de
Aprendizaje se refiere a niños de inteligencia normal, que no teniendo
trastornos emocionales significativos ni limitaciones motoras o sensoriales,
tienen dificultad para aprender algunas tareas específicas, tales como la
lectura o el cálculo matemático, presentadas a través de métodos de enseñanza
convencionales.
La
dificultad de aprendizaje de la lectura: la dislexia, es el trastorno de
aprendizaje más frecuente. Pero un niño disléxico frecuentemente tiene
dificultades de aprendizaje en otras áreas, tales como la escritura o las
matemáticas, o como sucede frecuentemente, problemas en el uso del lenguaje
oral.
El
criterio diagnóstico para dislexia más comúnmente aceptado es el de destrezas
lectoras descendidas en 2 o más años que lo esperado para el curso y edad del
niño. Sin embargo, este criterio tiende a subestimar la severidad del trastorno
en niños de poca edad y cursos inferiores. Además de tornar en cuenta el nivel
de rendimiento en lectura, el diagnóstico de dislexia debe basarse en el estilo
de lectura que tiene el niño, evaluando el tipo de errores que comete y las
estrategias compensatorias a que recurre.
La
incidencia actual de dislexia es difícil de determinar y depende de las
categorías diagnosticas en uso. Las cifras estimadas van entre 5 % a 15-20 % de
la población infantil.
Existe,
en general, una clara asociación entre dificultades de aprendizaje de la
lectura y déficit atencional. Sin embargo, existen niños con trastornos
específicos de aprendizaje que se dan en forma relativamente pura. Este grupo
se caracterizará por:
- Problemas de atención
sólo en el trabajo académico
- Comportamiento adecuado
para la edad
- Habilidades para la
lectura y matemáticas por debajo de lo esperado para su edad y capacidad
intelectual.
También
existe otro grupo poco numeroso de niños que tienen un SDA-H prácticamente no
asociado a trastornos específicos de aprendizaje. Este grupo se caracteriza
por:
- Bajo rendimiento global o
rendimiento altamente irregular
- Inmadurez emocional e
impulsividad
- Habilidades adecuadas
para la lectura y las matemáticas
El
impacto negativo en el aprendizaje producido por una falla de atención, lo
entendemos a través del esquema siguiente:
El
factor motivacional es clave para que el niño aprenda y tenga expectativas de
logro. La mayoría de los niños con dificultades de aprendizaje serán rotulados
como "desmotivados". Esto lo podemos entender en el siguiente
esquema:
Las
consecuencias que tiene para un niño el presentar una dificultad de aprendizaje
no diagnosticada ni rehabilitada oportunamente se detallan en el esquema
siguiente:
Ampliando
un poco más la visión del problema, ante un niño con dificultades de conducta
y/o aprendizaje escolar deben considerarse los siguientes aspectos:
- Déficits sensoriales
(auditivos y visuales)
- Trastornos cognitivos:
retardo mental, déficit atencional, trastornos específicos de aprendizaje
- Enfermedades crónicas
(que lleven a ausentismo escolar)
- Factores pedagógicos:
pedagogía inadecuada, enseñanza en otro idioma, inicio precoz de la
escolaridad
- Factores emocionales:
disfunción familiar, trastornos por ansiedad, depresión primaria
- Factores ambientales:
medio cultural de privado, bajas expectativas de logro
Evaluación
diagnostica del niño con dificultades escolares
Anamnesis
Debe
explorarse detalladamente: las dificultades escolares actuales, la historia
escolar del menor, el estilo conductual del niño y su relación con pares,
adultos del sistema escolar y con su familia. En este aspecto, es muy útil
contar con un informe escolar. Deben ser explorados también los cambios en el
apetito, las características del sueño y síntomas somáticos que apunten a
ansiedad. La historia perinatal detallada y el desarrollo psicomotor temprano
son importantes, al igual que la patología previa del menor. En la historia
familiar interesa, no sólo los antecedentes de problemas conductuales o
escolares de los padres, sino que el funcionamiento del sistema familiar.
En
resumen, la historia debe cumplir 4 objetivos primarios:
1.
Describir
el tipo y severidad de la disfunción del niño, con su evolución temporal
2.
Identificar
y aislar las condiciones médicas crónicas que influyan en la conducta y/o
aprendizaje
3.
Identificar
patrones familiares de disfunción
4.
Identificar
comorbilidad en el niño (trastornos por ansiedad, depresión, disfunción
familiar)
Examen Físico y
Neurológico
En
general, proporciona menor información que la historia. Permite formarse una
impresión general del desarrollo intelectual y del lenguaje del niño, así como
del estilo conductual. Además, está orientado a descartar perímetro craneano
anormalmente bajo, estigmas genéticos (hallazgos dismórficos menores
múltiples), lesiones en la piel y visceromegalia.
El
examinador experto podrá valorar fácilmente los signos de disfunción
neurológica menor ("signos blandos"), que incluyen alteraciones de la
coordinación motora, sincinesias, impersistencia e impulsividad motoras,
disdiadococinesia, alteraciones menores del equilibrio, lateralidad cruzada y
dificultades en reconocimiento derecha-izquierda. Estos signos son habituales
de encontrar en niños con trastornos del desarrollo.
En la
evaluación diagnóstica del niño con dificultades escolares el médico tiene un
rol complementario con el que desempeñan otros profesionales (psicólogos,
psicopedagogos, fonoaudiólogos, terapeutas ocupacionales), Así, por ejemplo, el
psicólogo usará test estandarizados para evaluar funciones cognitivas,
habilidades perceptuales, conducta adaptativa y dificultades emocionales. El
psicopedagogo aplicará también tests estandarizados para evaluar dificultades
específicas de aprendizaje.
Manejo
Terapéutico del niño con dificultades escolares
El rol
del médico también es complementario con otras intervenciones profesionales.
Los objetivos terapéuticos siempre se plantean en base a un diagnóstico
descriptivo, que considere áreas de competencia normal del niño, e incluya la
educación a la familia y comunidad escolar y la modificación de la interacción
patológica niño-familia, niño-colegio y colegio-familia
Los
psicofármacos son importantes para modificar los aspectos conductuales,
cognitivos y emocionales del niño, y permitir una mejor adaptación ambiental,
pero no mejoran las dificultades específicas de aprendizaje, que requieren
siempre de una rehabilitación psicopedagógica. Existe una experiencia de 4
décadas en el uso de psicoestimulantes como tratamiento sintomático para
mejorar la capacidad de atención en estos niños y poder así: disminuir la
impulsividad, controlar la inquietud motora y facilitar el aprendizaje. Los
psicoestimulantes, al menos a corto plazo, tienen algunos efectos positivos en
niños con SDA-H, en los aspectos de: conducta, regulación de la atención,
desempeño social y perceptual y desempeño cognitivo. Han existido dificultades
metodológicas para evaluar el efecto terapéutico de estas drogas, a largo
plazo, pero no existe duda actualmente que el pronóstico de adolescentes con SDA-H
mejora al asociar psicoestimulantes con otras intervenciones terapéuticas que
intentan modificar el ambiente del paciente y ayudar a su estructuración
general, ayudándole a organizar su conducta. La tendencia actual es a mantener
la terapia con psicoestimulantes por períodos muy largos de tiempo, escogiendo
la modalidad de tratamiento (continua vs. sólo en período escolar) de acuerdo a
las necesidades del niño, con períodos de vacaciones del tratamiento para
evaluar la necesidad de mantenerlo. Este tratamiento deberá continuarse
mientras persistan las condiciones por las cuales se inició el problema y
exista efecto terapéutico.
Se debe
mencionar que este problema del SDA-H está notablemente sobreevaluado en
algunos lugares, notablemente en ciertos colegios, en donde los niños y los
padres se ven presionados por el sistema pedagógico a consultar al médico por
esta presunta causa y, muchas veces, a buscar tratamiento medicamentoso. En
nuestro medio, éste es un problema de creciente frecuencia y una clara preocupación
entre la comunidad de padres, pedagogos y profesionales de la salud.
Dr. Jorge Foster M.
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